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Con el nuevo curso, los bancos centrales de las economías avanzadas entrarán de lleno en un nuevo ciclo de endurecimiento de sus políticas monetarias, ya sea mediante reducción de estímulos o subidas de tipos. Algunos supervisores monetarios ya han dado tímidos pasos hacia esta senda, abocados por la escalda de los precios y las tasas de vacunación, pero esta tendencia se acelerará hacia finales de año y, sobre todo, en 2022.

Así lo creen los expertos de Ebury, que destacan “un tímido cambio de tendencia”, que se ha observado hasta la fecha “conforme las presiones inflacionistas aumentan en todo el mundo”. “El drástico encarecimiento de las materias primas, el repunte de la actividad económica más rápido de lo previsto y el endurecimiento de las condiciones del mercado laboral han obligado a los principales bancos centrales a corregir al alza sus previsiones de inflación”, añaden. Y varios responsables de las políticas monetarias esperan que el periodo ultra laxo de las mismas termine antes de lo que se pensaba.

Subrayan los analistas de la institución especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas de que “hemos sido testigos desde principios de año de cómo varios bancos centrales se han vuelto menos dóciles“. Algunos mercados emergentes ya han empezado a subir los tipos de interés. En marzo, los bancos centrales de Brasil y Rusia iniciaron ciclos de subidas y desde entonces ambos han subido los tipos en un total de 225 puntos básicos, manteniendo además la puerta abierta a un mayor endurecimiento.

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En junio hemos asistido a una evolución similar en Europa Central y del Este, con los bancos centrales de Hungría y República Checa subiendo los tipos y dejando entrever que podrían seguir haciéndolo en sus próximas reuniones. En el caso de Hungría, fue la primera medida de este tipo en una década y fue seguida por una subida mayor de lo esperado en julio. México también endureció su política monetaria en verano, con una subida inesperada del tipo de interés básico por parte del Banxico en 50 puntos básicos (hasta el 4,50% en agosto tras subirlo al 4,25% en junio), “aunque no está claro si esto marca el inicio de un ciclo de endurecimiento”, inciden desde Ebury.

LOS PAÍSES DEL G-10

En cuanto a los países del G10, repasan los expertos los pasos dados por el Banco de Canadá, que ya ha comenzado el ‘tapering’ de su programa de Quantitative Easing (QE), reduciendo el ritmo de las compras semanales de 4.000 millones de dólares canadienses a 2.000 millones. El Banco de Inglaterra, por su parte, redujo el ritmo de sus compras semanales de 4.400 millones de libras esterlinas a 3.400 millones en mayo, aunque subrayó que la medida “no debe interpretarse como un cambio en la orientación de la política monetaria”.

En su reunión de julio, el Banco de la Reserva de Nueva Zelanda también sorprendió a los inversores al anunciar que pondría fin a su programa QE de 100.000 millones de dólares neozelandeses a partir del 23 de julio. Y esto “también ha aumentado las expectativas de subidas de tipos, posiblemente ya en su reunión de agosto”, avisan desde Ebury.

Entre los países del G10, “algunos ya han empezado a hablar de subir los tipos de interés o, al menos, están tanteando la idea”, hacen hincapié desde la plataforma de intercambio de divisas. Y creen que “Noruega será seguramente el primero en subir los tipos“. Sin embargo, “es un caso atípico, ya que tiene uno de los tipos reales más negativos del G10 y no ha puesto en marcha un programa de QE durante la pandemia”, argumentan.

“Al menos estos dos anunciarán sus primeras subidas antes de finales de 2021 y otros bancos centrales del G10 comenzarán su ciclo de subidas en 2022″, prosiguen. “Las divisas de los países del G10 que están en vías de incrementar los tipos antes de finales de 2022 parecen bien posicionadas para obtener mejores resultados y, de hecho, están entre las que esperamos que mejor se comporten”, redondean.

LA FED Y EL DÓLAR

En cuanto a la Reserva Federal de EEUU, todas las miradas están puestas en elsimposio de Jackson Hole del 28 de agosto, donde se cree que dará pistas claras de que el ‘tapering’ arrancará antes de finales de año. El último diagrama de puntos (dot-plot) sugiere que la subida de los tipos de interés no se producirá hasta dentro de un año y medio aproximadamente, “aunque no nos sorprendería ver otro cambio alcista en estas previsiones en septiembre”, indican desde Ebury.

“La política de la Fed es especialmente importante para los países emergentes que dependen mucho de la financiación externa en dólares”, remarcan estos expertos. La reunión de junio del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) supuso un inesperado cambio de postura, y la mayoría de los responsables de la política monetaria prevén ahora al menos dos subidas de los tipos de interés antes de finales de 2023.

El mercado reaccionó haciendo subir al dólar, en detrimento de las monedas de los países emergentes. “El endurecimiento de la política de la Fed podría presionar a estas divisas”, afirman, y favorecer al dólar, sobre todo frente a las monedas de aquellos países cuyos bancos centrales no sigan su ejemplo”.

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