BCE

El Banco Central Europeo mantuvo su política monetaria sin cambios el jueves, tal y como se esperaba, a la espera de una decisión crucial en diciembre sobre si poner fin a los estímulos de emergencia y devolver las condiciones financieras a un entorno más normal.

El banco reafirmó su plan de seguir comprando bonos para mantener los costes de endeudamiento cerca de mínimos históricos y también prometió mantener sin cambios las tasas de interés durante años, una promesa cada vez más cuestionada por los inversores financieros que dudan del discurso del BCE de que la alta inflación es temporal.

El BCE ha sostenido durante mucho tiempo que el actual repunte de los precios es fugaz y que las presiones inflacionistas subyacentes son lo suficientemente débiles como para requerir su apoyo en los próximos años.

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Sin embargo, las expectativas de inflación de los hogares están aumentando rápidamente y los inversores también dudan de esta opinión, lo que hace que los mercados prevean una subida de los intereses a finales del próximo año y abre una gran brecha entre las propias orientaciones del BCE y las expectativas del mercado.

El economista jefe del BCE, Philip Lane, ha intentado sin éxito rebatirlo, por lo que es probable que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, haga un esfuerzo más decidido cuando hable en una conferencia de prensa a las 1230 GMT.

El problema es que la inflación en los 19 países de la zona euro se acercará al 4% el mes que viene y, aunque el aumento se deba a factores puntuales como la subida de los precios del y las subidas de impuestos, la inflación transitoria suele afianzarse si se prolonga lo suficiente.

Sin embargo, el fenómeno es global y los bancos centrales de todo el mundo ya están reaccionando.

El Banco de Canadá ha sido el último en hacerlo, al señalar el miércoles que podría subir las tasas de interés tan pronto como en abril de 2022 y decir que la inflación se mantendrá por encima del objetivo del organismo durante gran parte del próximo año. 

La Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Inglaterra también han apuntado a un endurecimiento de su postura, mientras que varios bancos más pequeños, desde Noruega hasta Corea del Sur, ya han subido las tasas de interés.

Es probable que el BCE siga siendo una excepción. En diciembre, puede que decida poner fin a los estímulos de emergencia, pero probablemente ponga en marcha otro plan de apoyo para recuperar el terreno perdido y mantener bajos los costes de los préstamos.

Con la decisión del jueves, el BCE seguirá comprando bonos a un ritmo “moderadamente” más lento que en los dos trimestres anteriores y mantendrá su tipo de interés de referencia en el -0,50%.

PRECAUCIÓN

El problema de la desconexión entre el BCE y los mercados es la interpretación de la orientación de la política monetaria del banco, que sostiene que las tasas no subirán hasta que se vea que la inflación vuelve a alcanzar el objetivo a mediados del periodo previsto y se mantenga en dicho nivel.

Según las proyecciones del banco, es poco probable que esto ocurra durante años, por lo que los inversores que prevén una subida de tasas de interés para el próximo mes de octubre no entienden la orientación, según argumentan los responsables de la política monetaria.

El BCE tiene motivos de sobra para ser cauto.

Para que la inflación sea más duradera, los salarios tendrían que aumentar, pero los datos concretos no muestran ninguna tendencia alarmante.

También está en juego la credibilidad. El BCE lleva casi una década sin alcanzar su objetivo, por lo que un movimiento prematuro afectaría a su reputación, al igual que un movimiento que se aleje de su propia orientación.

Los dirigentes del banco también tienen vivo en el recuerdo el aumento de los tipos de interés en vísperas de la crisis de la deuda del bloque hace una década, lo que quizá constituya el mayor error de política monetaria en la historia de la institución.

Por último, una notable desaceleración económica en el próximo trimestre también es un argumento a favor de enfriar las expectativas de unas condiciones financieras más restrictivas.

Dado que gran parte de la industria del bloque sufre algún nivel de escasez de suministros, es probable que el crecimiento se ralentice y que una nueva ola de la pandemia de coronavirus afecte también a los servicios.

Todo esto sugiere un tono cauteloso por parte del BCE, con una repetición del argumento de que incluso la retirada de los estímulos de emergencia es solo una recalibración de la política monetaria, no la retirada del apoyo.