¿El IPC se modera?

Es lamentable que se pueda vender como un éxito que el IPC baje del 10,8% al 10,4%, porque es un dato catastrófico. El voluntarismo llega al extremo de venderlo como la demostración de que las políticas económicas del Gobierno, un arcano realmente indescifrable, están dando resultado. La inflación suma tres meses seguidos por encima del 10%. No hay que ser un gran estudioso para saber que las crisis son globales. Es la excusa que se utiliza para justificar el conjunto de datos lamentables que se suceden con monótona insistencia. Es cierto que en alguna ocasión pueden afectar a un único país, pero eso no sucede en los más desarrollados. Tan global es la actual como fue la que vivimos de deuda soberana en 2008. En aquellos momentos, la izquierda política y mediática fue inmisericorde en sus inconsistentes críticas por las medidas excepcionales que tuvo que adoptar el Gobierno del PP en 2012. Esta crisis es especialmente compleja por la cantidad de variables desfavorables que la afectan y por la circunstancia singular de que estábamos saliendo de la generada por la covid que había provocado un importante endeudamiento y una paralización de la actividad económica.

Esos desequilibrios han sido factores que han actuado ahora de forma demoledora. La crisis del petróleo de 1974 puso de manifiesto la importancia de controlar la inflación, algo que sabe cualquier persona mínimamente avezada en la historia de la Economía. Desde hace siglos hay que controlarla si se quiere revertir la situación. Por tanto, resulta desconcertante la pachorra y soberbia con que se afronta la inflación. La propaganda nunca consigue esconder la verdad, porque ya está afectando a los bolsillos de los ciudadanos. Es razonable suponer que la aplicación de medidas para enfriar la economía conseguirá bajar la inflación, pero como siempre con un coste en destrucción de puestos de trabajo y empresas, así como un gran endeudamiento. Las subidas de tipos provocan ese efecto y siempre son una decisión controvertida porque conllevan un gran riesgo, tanto si se quedan cortas como si se exceden. Las esperanzas del Gobierno se centran en que todos los países de la UE están en el mismo barco, pero la cuestión es cuánto tardará España en salir y en qué condiciones lo haremos.

Felipe y la espada de Bolívar

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