subida de los alimentos

El INE ha empeorado este martes en una décima el dato adelantado del IPC del mes de agosto. Los precios registraron una subida interanual del 10,5%, lo que significa que ese mes la inflación apenas se moderó en tres décimas respecto a la de julio. Esta revisión al alza es consecuencia de un peor comportamiento del precio de la energía. En cualquier caso, la escalada de los precios sigue muy cerca del máximo anual que se registró en julio, cuando la subida alcanzó el 10,8%, niveles que no se veían en España desde 1984, antes de la entrada en la Unión Europea. 

El dato publicado hoy por Estadística confirma que la inflación está siendo mucho más persistente de lo que se esperaba. Incluso en meses en los que la factura energética se reduce, como fue el de agosto gracias a la caída del petróleo, el IPC se mantiene en niveles muy altos. El motivo es que la inflación ya no solo se limita a la electricidad y los hidrocarburos, sino que se ha extendido ya a toda la cesta de la compra. De ahí que la inflación haya ganado una gran inercia y sea más complicado frenarla. 

De hecho, la inflación subyacente siguió subiendo en agosto hasta un nuevo máximo del actual ciclo inflacionista. Este indicador, que excluye el comportamiento de la energía y los alimentos frescos (los componentes más volátiles de la cesta de la compra), subió hasta el 6,4% en agosto. Se confirma, por tanto, que la inflación ya se ha generalizado a casi todos los bienes y servicios que adquieren los hogares. 

subida de los alimentos

Uno de los datos más preocupantes de los últimos meses es el de la alimentación, que ha tomado el relevo a la energía como gran impulsor del IPC. En agosto, el precio de los alimentos fue nada menos que un 14% superior al del mismo mes del año anterior, el peor dato en casi tres décadas. La tasa de inflación de los alimentos se ha más que duplicado desde que comenzó la invasión de Ucrania. Los clientes están soportando todo el encarecimiento de los costes de producción, y es posible que incluso más (una recuperación de los márgenes de beneficio del sector). 

Por ejemplo, el precio del aceite se ha disparado un 24% en el último año; el del pan y los cereales, un 19%; la leche y los huevos, también un 19%; las legumbres y hortalizas, un 14%, y la carne, un 12%. Esta subida de precios afecta en doble medida a los hogares más vulnerables. En primer lugar, porque son los que destinan una mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos. Y, en segundo, porque las marcas blancas están experimentando un encarecimiento superior, ya que, al trabajar con márgenes de beneficio muy estrechos, la subida de costes se repercute íntegramente al cliente. 

La moderación de la inflación en agosto fue consecuencia, principalmente, de la caída del precio del petróleo y del efecto base. Hay que recordar que los datos de inflación son interanuales (se comparan con el mismo mes del año anterior) y en esta época de 2021 la inflación estaba escalando intensamente. Esto significa que, para mantener las actuales tasas de inflación, los precios tienen que superar las subidas mensuales de 2021. De esta forma, aunque el efecto base permita que el IPC se modere, eso no significa que los precios vayan a caer, sino que seguirán subiendo a un ritmo más lento. 

Los únicos precios que cayeron en agosto fueron los de los combustibles para la automoción gracias al comportamiento favorable del petróleo en los mercados. De hecho, el precio del Brent cayó a principios de septiembre hasta los niveles previos a la guerra en Ucrania (con la cotización en dólares, no así en euros). El precio de la gasolina cayó un 11% respecto a julio y el del diésel, un 6%. El comportamiento del diésel está siendo peor que el de la gasolina en buena medida porque algunos tipos de este combustible están sustituyendo al gas en plantas de generación de electricidad, de modo que su demanda está creciendo. Así, el diésel está ahora un 26% más caro que hace un año, mientras que la gasolina apenas se ha encarecido un 10%. 

Al contrario de lo que ocurre con los combustibles para el coche, los del hogar no dejan de subir. Es consecuencia de la escalada que sigue sufriendo el gas en los mercados internacionales ante los continuos cortes de suministro desde Rusia. El mayor coste del gas se traslada rápidamente a la factura eléctrica, que subió un 16% en agosto y está nuevamente un 61% más cara que hace un año.

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