hostelería de Barcelona

El gremio de hoteles de Barcelona calcula que el sector ha perdido 2.700 millones de euros desde el inicio de la pandemia. Unas cifras alarmantes, que en pleno agosto se acentúan con un registro del 40% de ocupación en la ciudad condal. La escasez de turistas ha tenido un impacto directo tanto en la hostelería como en la restauración: “El cliente de proximidad de barrio ha permitido salvar un poco el verano”, comenta el propietario del restaurante Kuletos.

“Este año y medio ha sido catastrófico. La crisis ha provocado que muchas empresas no aguanten más y tengan que vender”, lamenta Manel Casals, director del gremio de hoteles en Barcelona. En el caso del Ant Hostel Barcelona han pasado de 100 mil a 30 mil euros de facturación. “En Septiembre tendremos un 22% de ocupación y en octubre no tenemos previsto nada”, explica el propietario, Isidro Navarro.

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Importancia del cliente de proximidad

El cliente nacional ha jugado un papel esencial en la economía de los restaurantes y hoteles. Ante la imposibilidad de recibir turistas internacionales, condicionados por la alarma sanitaria, el cliente de proximidad “ha salvado” la campaña de verano. “La pandemia lo ha puesto muy difícil. Hemos registrado grandes pérdidas económicas, pero el cliente nacional nos ha salvado”.

En el caso de una churrería en Sagrada Familia, la falta de turistas significó el cierre temporal del local. La propietaria, Anabel Lunar, expresa su desolación ante la escasez de turistas. Una afluencia “irregular” que ha condicionado la estructura del negocio con la rebaja de personal: “Lo estamos pasando mal. El verano se está pasando muy rápido y necesitamos tiempo”.

Incremento en la afluencia de turistas

Desde la hostelería y el gremio de hoteles comparten que ha habido un pequeño incremento de turistas respecto el año anterior, aunque “no es suficiente”. Los responsables de algunas de las tiendas de souvenir ubicadas en la Sagrada Familia cuentan que la compra media de una persona era de 20 o 30 euros, una estimación que “ni de lejos” es la que viven actualmente.

Para los catalanes la falta de turistas les produce “sentimientos encontrados”. Por una parte agradecen poder pasear con tranquilidad por la ciudad, pero entienden que “no es algo bueno” para los comercios y la economía del país.

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