‘levantar’ Afganistán

El 25 de septiembre de 2013 la bandera española se arriaba en el acuartelamiento de Qala i Naw, en la provincia de Bagdhis, la región de Afganistán cuya seguridad asumió España dentro de la misión de la OTAN en el país para liberarlo de la amenaza de los talibanes. Inaugurado tres años antes, el cuartel concretaba el compromiso de España con la estabilización del país y con la tarea que se le encomendó la misma, que no era otra que la construcción de una infraestructura militar inexistente hasta esa fecha en la región y la formación, equipamiento y adiestramiento de una unidad afgana capaz de defender la misma. Su cesión al Ejército Nacional Afgano marcó el principio del fin de la misión española en el país. España invirtió 14,5 millones de euros en la construcción del acuertelamiento y otros 24 millones en la operación logística – la mayor realizada por el Ejército Español en los últimos años – para repatriar el material allí desplazado.

'levantar' Afganistán

El esfuerzo económico realizado en esa operación no ha supuesto sin embargo más que una parte insignificante dentro de los 4.000 millones de euros que España habría aportado desde el año 2001 a las diferentes operaciones y programas multilaterales militares y civiles impulsados desde la OTAN, Naciones Unidas o la Comisión Europea para desactivar la amenaza talibán y estabilizar la situación en el país, según la estimación realizada por el investigador principal en materia de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano, Félix Arteaga, e incluida en su artículo ‘España en Afganistán: recomendaciones para revisar la estrategia de transición’.

La parte del león de ese gasto ha sido, por supuesto, la operación militar enmarcada dentro de la operativa de la OTAN en Afganistán, cuya finalización con el repliegue del Ejército de Estados Unidos ha marcado el inicio de la inestabilidad en el país y la toma de control del mismo por parte de los talibanes. En los 20 años transcurridos desde la llegada de las tropas españolas a Afganistán hasta el pasado 13 de mayo, cuando los últimos efectivos del Ejército español abandonaron el país poniendo así fin a la misión española, los sucesivos gobierno han autorizado gastos por un valor aproximado de 3.500 millones de euros en esa operación militar. 

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En esas dos décadas, han pasado por la misión española en Afganistán cerca de 30.000 efectivos, la mayoría militares, pero también guardias civiles y policías, además de personal civil. En los momentos de mayor actividad, España llegó a tener desplegado un contingente de 1.500 efectivos en el país, si bien en el momento de la retirada de las tropas españolas solo quedaban 24 militares y dos intérpretes. Más allá del coste económico, la misión ha tenido un importante coste en vidas. Más de un centenar de militares españoles han perdido la vida durante el despliegue de las tropas españolas en la misión ‘Resolute Support’ (Apoyo Decidido).

Vista de una patrulla de los talibanes en la ciudad de Kandahar.

El esfuerzo realizado en la misión ha situado a España como el séptimo país más comprometido financieramente con la estabilización de Afganistán, lo que según el investigador del Real Instituto Elcano ha tenido un impacto  muy positivo sobre la reputación  internacional de España y ha servido para identificar al país como “un proveedor de seguridad acreditado, fiable y solidario”, según detallaba en su artículo, escrito en el año 2016, y en el que ya avanzaba la posibilidad de que el repliegue paulatino de las tropas internacionales pudiera tener un final abrupto.

Hospitales, escuelas…el apoyo español a la reconstrucción

Más desconocida es la inversión civil realizada por España en Afganistán en programas de Ayuda Oficial al Desarrollo y a través de la Asociación Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (Aecid), que se han traducido en una inyección de más de 500 millones de euros en recursos. Un esfuerzo necesario si se tiene en cuenta que cuando empezó la misión la esperanza de vida en el país era de 45 años (poco años más tarde ya estaba en 61 años), que la mortalidad infantil era de 150 por cada mil habitantes (se redujo a 71) y que el puesto el país en el Índice de Desarrollo Humanos era el 173 (ha escalado al 169). La situación era particularmente en Badghis, la provincia en la que se desarrolló la misión española, donde no había carreteras asfaltadas, ni sistema de agua o saneamiento, ni red elécrica y los hospitales dependían de organizaciones, no del Gobierno.

Entre 2001 y 2014, la inversión civil española en Afganistán a través de la ayuda oficial al desarrollo ascendió a 529 millones de euros y se utilizó, entre otras cosas, rehabilitar y equipar el Hospital Provincial de Bagdhis y otros siete centros sanitarios, habilitar 160 kilómetros en caminos antes impracticables y desarrollar centros educativos para 4.650 alumnos. Afganistán salió del perímetro de prioridades del Plan Director de la Cooperación Española en el periodo 2013-2016, coincidiendo con el inicio del repliegue de las tropas españolas en el país y de la misión internacional en el país, y la inversión civil española en el país cayó entonces a cero.

Tras dos décadas de intensa presencia española en el país, la relación comercial bilateral tampoco ha cogido vuelo. Según la información disponible en la Secretaría de Estado de Comercio, a la altura del año 2015 las exportaciones españolas al país apenas suponían 3,5 millones de euros, con un peso mayoritario de los productos farmacéuticos, los combustibles y aceites minerales y las frutas y verduras; en tanto que las importaciones desde el país apenas superaban el millón de euros: jengibre, azafrán, cúrcuma, tomillo, hojas de laurel, ‘curry’ y demás especias suponen más de una tercera parte de esas exportaciones, seguidas por las semillas oleaginosas, las plantas industriales y las alfombras.